Una historia sobre por qué nacen cada vez menos niños
y qué dice eso del país que estamos construyendo.
Durante los últimos meses se ha hablado ampliamente de la caída drástica en el número de nacimientos en Chile. Titulares, informes y estudios comenzaron a repetir una misma cifra: cada vez nacen menos niños.
La Tasa Global de Fecundidad (TGF) representa el número promedio de hijos que tendría una mujer a lo largo de su vida, si experimentara, en cada edad reproductiva (entre los 15 y los 49 años), las tasas de natalidad observadas en un año específico.
Dicho de forma simple:
La TGF es una cifra que resume cuántos hijos tendría una mujer hipotética.
1960 · TGF 4,7
En 1960, cada mujer tenía casi 5 hijos en promedio.
1992 · TGF 2,48
Treinta años después, nos acercábamos a la tasa de reemplazo poblacional — 2,1 hijos por mujer.
2025 · TGF 0,97
Hoy tenemos menos de un hijo por mujer. Esta cifra es más baja que los promedios de Latinoamérica y la OCDE, y la mayoría de los países europeos.
Y aquí aparece la pregunta clave:
La consecuencia más directa:
Explorando las causas
Chile tiene un problema que no está tratando con suficiente urgencia.
Las condiciones para tener y criar siguen siendo profundamente desiguales. Las mujeres cargamos con la mayor parte del peso del cuidado y además perdemos terreno laboral por ello.
El sistema no solo no compensa esa desigualdad si no que la institucionaliza: las madres tenemos seis meses de permiso postnatal (sin contar el prenatal de seis semanas), y los padres tienen solo cinco días. Desde el primer día las madres estamos más cerca y a cargo de nuestro hijos e hijas.
Mientras no equiparemos las tareas de cuidados, mientras no incentivemos la corresponsabilidad, mientras no contemos con sala cuna universal, y mientras las redes de cuidado sigan siendo un privilegio y no un derecho, el deseo de tener hijos seguirá chocando contra una realidad que no está diseñada ni cuenta con los incentivos para recibirlos.
Y al mismo tiempo, Chile envejece muy rápido.
Eso también exige un diseño distinto: un país donde las personas mayores puedan vivir de manera activa y autónoma. Un sistema de pensiones que soporte este cambio. Espacios, servicios y políticas pensadas para esta población.
La natalidad y el envejecimiento de la población son dos caras de la misma moneda, desafíos que requieren empezar a pensar y diseñar esto en serio.
Esta pieza fue creada por Belén Harnecker.
Para dudas o sugerencias: bharnecker@gmail.com